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jueves, 1 de septiembre de 2016

Diario en gira

29 de septiembre de 2016. 8:00 horas.

Ha amanecido hace muy poco rato. Todo está dispuesto y los compañeros más rezagados llegan al autobús, que en unos minutos iniciará su viaje hacia Santander. Tercera plaza de esta gira del musical Cabaret, que nos llevará lo que queda de año, todo el año que viene, y parte de 2018 a una buena cantidad de ciudades españolas.

Comenzamos hace cuatro semanas, aunque previamente habíamos ensayado otras dos semanas en Madrid, para refrescar la puesta en escena, y para que se incorporasen los nuevos compañeros, que sustituyen a los que no harán esta gira.
Nuestro primer destino fue Vigo, con un hermoso auditorio en el que se pudo dar, de forma espléndida, el pistoletazo de salida de este tour. El elenco que estrenó tiene algunas novedades; mi partenaire es ahora Amparo Saizar, con la que he tenido que realizar un trabajo de adaptación muy interesante. Es curioso cómo la sensibilidad de un personaje está directamente condicionada por la ejecución de su compañero en escena. Así, mi querido Schultz ha tenido incorporar a su forma de ver el mundo la de esta nueva y estupenda Fraulein Schneider.
De los tres protagonistas del espectáculo, sólo Cristina Castaño, en el papel de Sally, estaba en el reparto original del teatro Rialto; MC, en la piel de Armando Pita y Cliff, interpretado por Alejandro Tous, fueron gratísimas novedades que auguran una exitosa gira.

Entre las nuevas incorporaciones al reparto está Ángel Padilla, que cubre como cover los papeles de Schultz, Ernst Ludwig, Cliff y MC, y que resolverá de forma impecable con su gran talento actoral. El primer día que cubrió mi personaje, disfruté a lo grande como espectador. Por cierto, que ese día MC fue interpretado por José Carlos Campos, alternante del personaje que ya lo hizo a menudo en la temporada de Madrid, y por quién refrendo mi más absoluta admiración; ¡artista!

Nuestra siguiente plaza fue Palma de Mallorca, y mi primera vez en esta isla. Otro estupendo auditorio, que aunque no tiene la magia de un teatro con su platea en herradura, permite cierta comodidad sobre todo en el aspecto técnico. Pero echo de menos ese sonido natural de las voces proyectándose hacia el oscuro del patio de butacas. Hoy todo se amplifica y, para mi gusto, demasiado. El resultado fue magnífico, con una respuesta incondicional del público, y críticas en la prensa muy favorables. En este escenario tuvimos el placer de ver el debut de Teresa Abarca como Sally, brillante y vibrante, en una jovencísima y prometedora interpretación. También se estrenó una nueva compañera, Gara Roda, en el rol de Fraulein Kost, de forma efectiva y resuelta. Gran talento de actriz, cantante y bailarina.

Y ahora, como decía al principio, camino de Santander, nuestra siguiente plaza. Siempre tengo en estos trayectos la misma sensación de viaje interior, de reinicio, de vuelta a empezar... Miro por la ventanilla del autobús, y podría ser perfectamente aquella primera gira que hice con la Compañía Lírica Española en el verano de 1988; cómo pasan los años, y cómo permanece intacta la sensación de descubrimiento, de novedad. Supongo que podría decir como Miguel Ríos, en la estupenda canción de Víctor Manuel San José, Blues del Autobús, que

"Cada día un concierto,
un ensayo, una tensión
que controlo sabiendo
que es mi vida lo que doy.
No hay trampa ni cartón,
soy como véis que soy.
Sé más por perro que por viejo
pero empiezo a echar de menos
un minuto entre los dos"

Y es que esta es nuestra vida en gira. Mucha carretera, y poco tiempo para dedicarse a uno mismo. Bendito trabajo que nos quita horas de sueño, para llegar al siguiente hotel, y después de un par de horas de descanso, estar dispuestos a un nuevo estreno. Luego, una vez levantado el telón, algo más de relajo. Pero sólo hasta el próximo escenario, donde todo volverá a empezar. Aunque tendríais que ver la labor del equipo técnico de un espectáculo de estas características. Ellos sí que dedican horas de trabajo para tener todo dispuesto cuando llega el equipo artístico. Son los verdaderos e invisibles hombros en los que descansa un gran musical.

Voy a robar algo de tiempo y terminar la estupenda novela que tengo entre manos, Campo del Moro, de Max Aub. Escuchar algo de música, llamar a Marta y escribir. Tengo algo abandonada la poesía, o más bien ella me tiene abandonada a mi. Creo, a veces, que no soy yo el que decide qué y cuándo escribir. "Tú no eliges el Rock'n'roll; es él quien te elige a ti" ¿Verdad, Ignasi?

Mientras emborronaba esta hoja ha terminado de cuajar el día. El autobús está en silencio. Casi todos los compañeros duermen. Yo intento disfrutar del viaje, aunque creo que me vencerá el sueño en un rato. Mientras, veo el paisaje, el mismo de 1988, el de todas las giras, todos los bolos. El mismo que veo cuando me asomo al interior.

Hasta la próxima.


Lo que tu sabes

Ese algo inefable,
escondido en los silencios
que hay entre las palabras.
Ese rumor constante
de las cosas conocidas,
de los actos habituales.
Lo que yo pueda callar
o dicte el horizonte.
Tus secretos, mis expectativas,
nuestra nada y nuestro siempre.
Todo cuanto escuchas
cuando yo canto;
lo que hay implícito
en cada melodía,
y el ritmo que marcan
nuestros latidos sincronizados.
Toda esa inercia
que han sido los años de no tenernos.
Lo que basta con mirarnos
para saber que perdimos
sin que nunca fuera nuestro.
Lo que quisiera decirte
y tú sabes que no me atrevo.