Bienvenidos

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domingo, 8 de noviembre de 2015

Padre III

Era todo jugar.
Esconderme entre tu ropa
revuelta, que mamá no había recogido
todavía.

Dejarme llevar a la Cuesta de Moyano
a ojear mis primeros libros
y volver a casa
en el asiento delantero del coche,
exultante,
escuchando la primavera que prometía
el clima
y la recién descubierta literatura.

Era todo oírte cantar
y presumir con los otros niños
de tus romanzas agudísimas
y tus monólogos desafiantes,
ignorando sus inocentes burlas
y sus risas desatadas.

Otras mañanas,
libre del tedio escolar,
disfrutar de que me regalases tu compañía
en aquel parque con columpios
que se convertían  en campos de batalla
o galaxias que ser conquistadas.

Era todo empezar la vida
llevado de tu mano.
Pero llegado el primer recodo
perderme en la algarabía del ruido
y no encontrarte más.
Que no quisiste volver a rescatarme del odio
y te convertiste en odio.

Era todo ignorarme
para que ahora no haya más que aceite
entre nuestras manos,
sólo arena en las miradas
y cuchicheos en el alma.

1 comentario:

Susana Romera Perez dijo...

Una bonita forma de expresar algo tan duro. Gracias por compartirlo.