Bienvenidos

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domingo, 8 de noviembre de 2015

San Ginés

Desembocamos en la Puerta del Sol
como la conversación, despacio.
Tu hablabas, seguramente,
buscando excusas para poder irte.
La tarde ardía
como sólo agosto en Madrid
sabe hacerlo,
llenando todo de ese entre dorado y rojizo.
Llegaba el momento de dejarte marchar,
que yo sabía inminente.
Nos despedimos
con un mentiroso hasta luego-pronto
y me perdí mirando tu ida
hacia el color, hacia el oeste,
hacia el adiós.
Te alejabas y fuiste desapareciendo.
Sólo quedaba una silueta al fondo,
San Ginés,
y el atardecer detrás.


Aniversario

 que puede resultar tediosa
esta manía constante que tengo
de buscar la persistencia de lo efímero.
Recordar cada detalle insignificante,
cada matiz, cada tono de gris
con el que las tardes suelen acabar
en noche
y las promesas en olvido.

Y así llega hoy con sigilo al calendario
una nota como entre frívola y doméstica
cargada de rubor y adolescencia,
que me recuerda intencionadamente que
¿Han pasado ya tantos años?
Parece mentira que
ahora-a-veces-casi-siempre
la anestesia que debería darme el paso del tiempo
no amordace la rosácea de recuerdos,
que el diafragma laxo
no contenga el espasmódico hipo de la nostalgia
-lo sé-
que me vuelve tan cansino.

Pero yo quería hablar de ti, Octubre,
que han pasado ya estos otros treinta
en cadena;
y han pasado sin que me olvide
de tu rumor en aquella mañana.
De todas las torpes rimas que robé a otros,
de los acordes que emborroné en el aire,
que eran todos una vaga forma tuya.

Ha pasado todo tan como de puntillas;
(este espiarte tanto, este buscarte a medias
para saber algo de ti o tu vida
sin llegar a dejarme ver
para no cumplimentar el pecado)
que no sé bien dónde estoy,
si en el punto de partida, llegada o retorno.
Dando vueltas átonamente a lo mismo,
y siempre.
Siempre en espiral,
a lo mismo.

Contigo siempre en el centro,
en el norte de esta brújula desimantada
que es mi aliento.
Yo, dejando huellas dentro de la huellas,
abriendo nuevos pasos en el mismo espacio.
tú, huyendo sin dejar hueco a la distancia,
allí donde olvidarme es tu pasatiempo.

Allí donde estés, feliz aniversario.

Padre III

Era todo jugar.
Esconderme entre tu ropa
revuelta, que mamá no había recogido
todavía.

Dejarme llevar a la Cuesta de Moyano
a ojear mis primeros libros
y volver a casa
en el asiento delantero del coche,
exultante,
escuchando la primavera que prometía
el clima
y la recién descubierta literatura.

Era todo oírte cantar
y presumir con los otros niños
de tus romanzas agudísimas
y tus monólogos desafiantes,
ignorando sus inocentes burlas
y sus risas desatadas.

Otras mañanas,
libre del tedio escolar,
disfrutar de que me regalases tu compañía
en aquel parque con columpios
que se convertían  en campos de batalla
o galaxias que ser conquistadas.

Era todo empezar la vida
llevado de tu mano.
Pero llegado el primer recodo
perderme en la algarabía del ruido
y no encontrarte más.
Que no quisiste volver a rescatarme del odio
y te convertiste en odio.

Era todo ignorarme
para que ahora no haya más que aceite
entre nuestras manos,
sólo arena en las miradas
y cuchicheos en el alma.