Bienvenidos

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jueves, 19 de marzo de 2015

Padre II

Nada merecía la pena que nos causaste.
Ni las cosas que faltaban
cuando te ibas.
Aquellas cenas amargas,
aquellos platos en mesas frías
o los vasos llenos de asco.
Ni la sinceridad de mi madre
sujetando los párpados en alto
para no gritar.
Ni yo que, 
                  silencioso, 
                                    recogía los trastos
mirando tras la puerta,
espiando tu ausencia.
Nada merecía la pena que nos clavaste.
Ni todo lo que dejaste atrás,
lo que olvidaste.
La huella que habrías dejado
y que se fue borrando
aunque yo no quería.
Ni las tardes robadas a tu otra vida
con la promesa de volver,
ni tanta mentira sobre mentira.
Nada merecía la pena.
Ni tú.

1 comentario:

Fernando Gessa dijo...

Pufff! La fuerza de estas letras es tremenda. Se me quedaron las entrañas por ahí abajo.
Un abrazo, amigo.