Bienvenidos

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lunes, 2 de diciembre de 2013

En forma de poema

Se puede morir de amor;
Yo lo hago casi todos los días, 
y si no, plácidamente me suicido, 
pero a esa hora mágica y feliz de la tarde, 
cuando la luz es tinta dorada y los edificios se derriten, 
para no tener que trasnochar en la duda. 
Entonces vuelvo a la que fuera mi casa, 
caminando por el borde del llanto mismo, 
encontrando un extraño escenario azul, 
ataviado fuera de época. 
Y ya no poseo nada, 
no tengo nada más que una mochila de trapo, 
que se abre y se vierte mientras camino, 
para dejarme las tripas a la vista, 
con el alma privatizada.
Continúo porque no recuerdo 
que la cuesta de aquella calle 
llegase tan aquí adentro; 
tan lejos de entonces. 
Y los adoquines me sonríen 
entre caprichosos y corteses, 
que se me escapa el aliento en este paseo de latidos, 
en este latido pétreo, 
en cada brizna de polvo ausente, 
en esta imagen banal de momentos trascendentales.
Miro con repetida intensidad la ventana que quedó cerrada 
después de que te fuiste, 
para comprobar que allí habita sólo una borrosa copia 
de tus huellas, 
de tu rastro. 
Lo confundo con tristeza que no es 
hibridándome entre una sonrisa de dientes afilados 
y la frivolidad de mentir.
Siguen tirando mis pies de mí, 
hacia la esquina donde te esperé tan adolescente, 
tan puro, tan impuro y tan solemne,
para que al final de todo no te me llegaras. 
Ahora que ya he muerto tengo que volver 
a lo de cada día, 
a las risas y los espantos 
de todo lo que sucede sin sentido, 
a este teatro cada vez más pequeño 
y por contra más vacío, 
a este ya no salir el sol, a esta incertidumbre.
Escuchar, componer, 
tal vez escribir para encontrarme un poco a mí mismo, 
para justificar el rubor de no miraros a los ojos. 
Tal vez huir, o vivir en la huida. 
Entender porque Marta me reprocha 
que siempre busco el mismo poema, 
que siempre merodeo por la misma historia.
Porque así 
se puede sujetar esta brillante ruina, 
camuflar los años vestidos de otros años, 
llenar el vacío de la luz con acordes apagados. 
Se puede anestesiar está constante fuga de vida derramada.
Claro que se puede; 
yo lo hago casi todos los días.


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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Prisma

Te conviertes en inevitable
y no deseo que esto no suceda;
que me inundes con tu luz,
que el mundo colisione despidiendo latidos
de un corazón que se me rompe
una y otra
y otra vez.
Pero llegas reparándolo
para romperlo de nuevo
y recomponerlo después.
Como un prisma, disolviendo la luz
que vuelve a fundirse en un estallido.
Eres cada color;
el blanco y el negro en silencio.
Y cada dolor
que me depara el universo.


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jueves, 1 de agosto de 2013

Días extraños

No todo en ti fue ternura.
Hubo días grises
en los que mirabas la nada
como buscando el futuro.
O como aquel ocaso junto al palacio
cuando te dije  –Sé mi esposa-
y la tristeza de tu mirada
me hizo sentir culpable de tus actos.

No todo fue alegría a tu lado,
aunque resistí peor la despedida.
Sin causa ni efecto,
apenas sin una palabra que consolase el vacío.

Queríamos ser felices, yo lo quería,
pero no nos dejábamos
excusándonos que la vida era larga
o nuestro latido joven.
Sin embargo las alas se quemaron
y el bronce derretido manchó el último retrato
que guardaba de tus días.

El tiempo no se detuvo,
obstinado,
convirtiéndote en una cicatriz que no duele,
que apenas ya reconozco.


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lunes, 22 de julio de 2013

En el chat.

Ninguno de los dos se atreve a hablar;
comentan vaguedades, y eluden la intensidad;
para no romper la venda que se han puesto.
Para no desangrarse antes de la despedida.
Hay un momento de duda,
de silencio helado.
Ella; sin perder la sonrisa,
buscando una excusa al amor.
Y el, buscando la razón
de tanta ternura desbordada.
Llegado el momento
los dos miran una parpadeante línea en la pantalla
esperando que sea el otro lado de la conversación
el que inicie la huida.
Otro segundo antes de pulsar el último beso del teclado,
un momento de indecisión,
y al fin él envía su mensaje,
sabiendo que ninguno necesita leerlo.
Ambos acarician todo lo posible
el final de un viaje que no comenzó.
Y cierran la herida.
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viernes, 12 de julio de 2013

Campo del Moro

Y llegado el momento de hablar de tí
se me ocurre volver a la niñez perdida
y a los jardines en los que viven mis fantasmas.
Te tengo
como en una parcela de tiempo,
acotada por las alambradas de las conveniencias,
y en esto, no me atrevo a marcarte,
para que no me reproches los días
o las noches perdidas.
Voy pensando en la enramada de bocas de dragón
que me regalaste, apenas mozo,
y se me olvida la vida.
 
 
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domingo, 7 de julio de 2013

Guadarrama

Anoche soñé contigo;
descalzo, sobre la hierba,
entre susurrantes pinos
enverdeciendo mi alma
allá, junto al Guadarrama.
Allí mezclamos la savia;
allí nuestras raíces eran
una red de espuma blanca.
Y fue bajo el sol ardiente
donde sembramos la espera
de ver acabar el día,
con las manos enredadas
y el corazón tan hambriento
que al despertar arañaba
mi almohada como si fuera
tu mano junto a la mía.
Y me dolían los ojos
del alto sol que brillaba
allá, junto al Guadarrama


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Como si me llamase Pablo

Aquí te amo.
Entre estas paredes,
apartado de todo cuanto nos rodea
olvidando a los que nos miran.
Aquí te amo,
desnudo de esperanza,
casi entregada la espera.
Sin dar cuentas a nadie ni a nada,
salvo a un poeta extravagario,
aquí y ahora
te amo,
como si me llamase Pablo.
Sin pedir nada a cambio,
sabiendo que miro a un espejo sin rostro;
pero seguro y dueño del luto,
traidor entre las alimañas,
terco, inocente y perdido.
No puedo decirlo sin llanto
o en dieciocho poemas silenciosos;
ni puedo callarlo, ni quiero.
Aquí te amo
después del todo,
al borde del mundo.
Y luego la vida se acaba,
y vuelve la muerta rutina .
No dejes mi tumba en silencio
ni manches mi nombre tallado,
que aquí te espero, vencido.
Aquí entre las horas
te amo.


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miércoles, 26 de junio de 2013

BeRsos

Pensé en escribirte mil versos,
uno por cada día amado,
pero al final, la pereza
-y-todo-eso-
hicieron que sólo pensara
en uno cada año juntos;
ocho, a lo sumo diez,
y éstos me parecieron pocos
y me puse a inventar ripios,
a buscar la forma más dulce
de decirte en los versos míos,
ya sean mil, o dos,
o trescientos,
lo que se dice en los versos,
que al fin y al cabo
toda la rima del mundo
cabe en un solo beso.


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jueves, 6 de junio de 2013

Puerta de San Isidro. A mis padres

Terminaba un perezoso día de colegio
y la salida era un júbilo adolescente.
Entre todas aquellas risas y carreras
vosotros dos, del brazo,
esperándome con una sonrisa,
recién llegados de nuevo al amor.
Y entre el humo, los gritos y los empujones,
de pronto, la felicidad.
Es el último retrato que guardo
vuestro en mi corazón.

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Winter Kills

Habito un invierno
que siguió al verano de tu amor.
Frío en las tardes
y en las miradas,
lleno desconocidos que caminan.
Oscuro de asfalto, triste de impuro,
y cómplice de horas derrochadas.
Un invierno que llegó sin aviso,
sin tardes otoñales premonitorias,
que apagó las canciones y congeló los besos.
Un invierno que camina
a mi lado como un perro.
Y le mimo y le alimento
a la espera de su aullido, de su lamento helado.
La ciudad ya cristaliza
en cada bulevar,
los carámbanos rebosan
entre los semáforos,
y la estatua del prócer
es ahora un glaciar sin rima.
Mis venas quedaron lívidas
esperando tu calor.
Pero no llegaste al mediodía,
ni me dejaste abrigo.
Habito este invierno,
que es la certeza en el calendario
de que no hay otro mañana.
Preparando la noche,
la llegada del tiempo.
La tormenta arrecia
y la ventana me trae tu recuerdo.
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sábado, 20 de abril de 2013

Red social 20-4-2013

Hoy he visto de nuevo tu rostro,
aunque en una fotografía,
ni siquiera revelada,
una imagen en la pantalla del ordenador,
un enlace a otra resolución.
Y aún así
parecía que de nuevo me mirabas
a mí.
A ti
tampoco te ha perdonado el tiempo
y una terrosa melancolía en tu mirada
parece decir que ya no eres tú.
Que ya no somos nosotros los que creo recordar
al mirar de nuevo tus facciones;
la medio sonrisa tímida,
el puente de tu nariz –tan de tu familia-,
y la mirada huidiza.
Lo que tantos píxeles me dejan entrever.
Al verte hoy de nuevo,
aunque en una fotografía,
he intentado encontrar
algo que nos uniera en todo este tiempo,
en esta distancia.
Y he sentido que ahora                                    
es cuando la huella por fin se ha secado,
cuando ha parado la tormenta
de arrastrarme.
Y he comprobado con asombro
que no sé quién me miraba en la fotografía.
Que no eres la muchacha que amé
y abracé en aquellas tardes.
Que nunca has sido tú
sino imaginada, creada, exaltada.
Que mis recuerdos no son mis recuerdos
sino los de otro yo, casi olvidado.                                          
Más calmado
he vuelto la imagen a su tamaño original,
he guardado una copia entre mis archivos
y he cerrado la sesión.

 
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