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viernes, 31 de octubre de 2008

El sueño de la chatarra

Ella era solamente
una flor en el vertedero
de metales oxidados.
Sus colores contrastaban
con el orín tostado
por el sol.
Y fue aquel viejo Renault;
apenas un esqueleto de herrumbre,
el único que deparó
en aquellos pétalos casi dorados,
(gineceo fantástico)
en aquel frágil tallo
que surgía desafiante
entre los cadáveres
de cientos de neumáticos
desgastados.

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